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¿Propósitos de año nuevo? ¡Este año, sí?

Propósitos

Conozcamos qué es un “propósito”…

¿Sabías que según un estudio publicado por la Universidad de Scranton (EEUU), el 73% de la población mantiene sus propósitos de año nuevo durante la primera semana, la cifra baja al 64% tras el primer mes, cae al 50% después de tres meses y a final de año solamente el 10% de la población logra aquello que se propuso a inicio de año?

¿Qué tiene que pasar para que este año SÍ cumplamos con aquellos propósitos que queremos marcar para este 2025? ¿Qué puede ser distinto de otros años, en los que quizás no llegamos a materializar esos objetivos que definimos?

Pero, empecemos por el principio: qué entendemos por “propósito”.

Si vamos a la RAE, se define “propósito” como “objetivo que se pretende conseguir”, y como “ánimo o intención de hacer o no hacer algo”.

En estas definiciones está la clave del asunto.

Si entendemos “propósito” como un objetivo, ya sabemos que los objetivos ganan en compromiso por parte de quién los establece si se definen de acuerdo con las siguientes características:

S de específico (algo concreto, más allá de una idea estupenda), M de medible (que tengamos alguna manera de medir el éxito, es decir que tengamos algún indicador que nos muestre que lo hemos conseguido), A de alcanzable (que el objetivo sea realista, cuando menos posible biológicamente hablando), R de resultados (que el objetivo tenga un para qué concreto, que el objetivo sirva para acercarse a un resultado también específico), y T de temporal (que el objetivo esté acotado en un espacio de tiempo determinado).

Establecer objetivos siguiendo las características de SMART ayuda a ganar claridad de la posibilidad o no de alcanzarlos.

Si entendemos “propósito” como “ánimo o intención de hacer o no hacer algo”, vemos que se consideran dos aspectos de igual importancia a la hora de pasar del dicho al hecho:

  • uno, la intencionalidad, el tener la voluntad de hacer o dejar de hacer algo. En este sentido, recordemos que las personas tan sólo cambiamos cuando sentimos la necesidad de cambiar. Por lo que será útil considerar cuál es la necesidad que hay detrás de ese propósito, así como su grado de intensidad, importancia o urgencia.
  • Y dos, el ánimo. El estado de ánimo con el que se afronta este propósito resultará vital para que la persona avance en su compromiso. Y es que las emociones preceden a las acciones, las emociones funcionan como disparadores de acción. Emprender acciones desde una emoción posibilitadora aumenta, y mucho, la posibilidad de sostener dichas acciones en el tiempo.

Pero entonces ¿por qué postergo?

¿Por qué me apunto al gimnasio y no voy? ¿por qué postergo decisiones, aunque sepa que pierdo tiempo y oportunidades? ¿por qué tengo algo importante que hacer, y me pongo a hacer otras cosas?

Y es que así funciona el círculo vicioso de la postergación: en el momento en que no hago aquello que quería hacer, surge la culpa de no haberlo hecho, aparece el “tengo que hacerlo”, con lo que desaparece el placer y llega la obligación, no encuentro el momento y sigo postergando.

Ahí acaba de hacer su aparición el saboteador interno, aquel agente que nos impide alcanzar nuestros objetivos. Hay tres grandes saboteadores:

  • El perfeccionista, no lo haré hasta que esté lo suficientemente perfecto…
  • El incitador, todo lo que has de hacer para estar allí…
  • El crítico, con la comparación con otros, el miedo, etc…

El gran concepto de coaching que se esconde detrás de estos comportamientos, aparentemente irracionales, es el llamado beneficio oculto. Cuando no pongo mi compromiso en realizar mi propósito, estoy poniendo mi compromiso en otra acción u otra cosa. Y esa otra acción u otra cosa me produce un beneficio que, ¡atención! me compensa.

Algunos tipos de beneficio oculto pueden ser: la satisfacción a corto plazo, la comodidad, la evitación de las pérdidas que conlleva, necesidades básicas no satisfechas, la fuerza del hábito, la inercia, las adicciones, los miedos, la inseguridad, la falta de confianza, la culpabilidad, etc.

Reconocer ese beneficio oculto en un momento de querer avanzar hacia nuevos propósitos nos permitirá saber a qué estamos dispuestos a renunciar, y así poder valorar con mayor claridad el impacto del cambio.

¡Atención! Tres consideraciones a la hora de plantear propósitos

La primera consideración es que nos será útil reforzar la percepción de beneficio futuro, una vez cumplido el propósito. Es decir, alimentar la sensación de lo que va a ser mejor en mi vida, para mí, una vez consiga mi propósito. Cuanto mayor sea la ganancia percibida, mayor podrá ser mi grado de compromiso.

La segunda consideración es incluir en la ecuación no solamente lo que voy a ganar yo, sino también qué ganarán las personas de mi entorno, cuál va a ser el impacto en mi entorno. Se trata de entender las consecuencias a futuro de ese propósito en mi mundo, en mi gente, en mi ámbito.

Y la tercera consideración es tomar conciencia de cuál es la emoción posibilitadora con la que quiero iniciar el camino hacia ese nuevo propósito. Teniendo en cuenta que los nuevos hábitos requieren de reiteración, tiempo y compromiso en sostenerlos.

La moraleja del cuento…

Toma de conciencia, definición adecuada de objetivos, intencionalidad y estado de ánimo posibilitador, son la clave para que este 2025, este año sí, cumplamos con nuestros propósitos.

Y es que esa es la manera más eficaz de pasar del círculo vicioso de la postergación al círculo virtuoso del aprendizaje.

Si quieres saber más de cómo funcionan los cambios en las personas, de los mecanismos que nos ayudan a sostenerlos, de los caminos para impulsar nuestro desarrollo y crecimiento tanto personal, como profesional, te esperamos en cualquiera de nuestras formaciones y actividades.

Porque desde la Escuela de Coaching EDPyN nacimos con un propósito que nos honra decir que seguimos alimentando y sosteniendo: llevar el coaching allí donde no está.

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