Creencias, cómo influyen en nuestra vida
Podríamos definir la “incertidumbre” como la “falta de certeza”. Pareciera que, visto así, hay muy pocas cosas en la vida de las que podemos tener total certeza. Y por tanto, pareciera que vivimos en un mundo lleno de incertidumbre. Cada uno de nosotros puede elegir qué actitud quiere tener delante de la incertidumbre, cómo quiere vivirla y acogerla en su cotidianidad. Y es que dependiendo de cuál sea nuestra mirada sobre esa incertidumbre, ello puede condicionar nuestras acciones y decisiones. Si vivo la incertidumbre desde la angustia y la preocupación, tomaré decisiones posiblemente distintas que si la vivo desde la curiosidad y la esperanza, por ejemplo.
Así que parece que todo depende de lo que cada uno de nosotros crea.
Cuando hablamos de “creencias” nos referimos a esas opiniones a las que cada uno de nosotros atribuye cierto grado de veracidad, si bien de manera en muchas ocasiones irracional. Y es que las creencias no son verdades, son opiniones, juicios con distintos grados de fundamentación. Influye en las creencias de cada uno elementos como la educación recibida, las modas, los hechos del pasado, las investigaciones o datos empíricos, incluso las opiniones de otros. Y la veracidad que les atribuimos está determinada por la autoridad que conferimos a la persona que la declara. Por ejemplo, tendemos a creer en lo que dice una persona que consideramos experta en una determinada materia.
La utilidad de las creencias radica en que simplifican nuestra vida, mayoritariamente nos hacen ser más eficaces y tomar decisiones más rápido. Muchas veces esas creencias nos ayudan a resolver situaciones o atajar el camino hacia los objetivos y conseguir aquello que nos proponemos. Ahora bien, en algunos casos, tienen el efecto contrario. Pensemos por ejemplo en alguien que tiene 55 años y está en transición de carrera, y comparte la creencia de que “a partir de los 50 años, es muy difícil conseguir trabajo”. Esta sería una creencia limitante en este caso. Pero recordemos la máxima: no son verdades.
En ocasiones, vivimos acontecimientos que ponen en tela de juicio nuestras creencias. Y cuando eso sucede, cuando una creencia fundamental para mí se derrumba, deja al descubierto todo un sistema de opiniones y empiezo a cuestionarme muchas cosas que hasta entonces había considerado verdades. Y mi mundo interior, todo mi marco de referencia, no vuelve a ser el mismo. Esas antiguas creencias y opiniones se van a ir modificando por otras nuevas que a medida que las “entrenamos” van a ir ganando consistencia en nosotros.
El coaching y la incertidumbre: cinco preguntas
Gran parte del trabajo de un coach profesional está en acompañar a sus clientes a fundamentar sus creencias, tanto las limitantes como las posibilitadoras, para encontrar ventanas de oportunidad en situaciones en las que el cliente cree que no puede, que no va a ser capaz.
El coaching es una disciplina de gestión del cambio, y parte de la premisa de que vivimos en una incertidumbre constante, en un mundo en el que las certezas son escasas y que, lo que es impresionante, nuestras creencias pueden modificarse.
El coaching promueve una actitud proactiva delante de situaciones que generan insatisfacción o deseo de mejora, promueve la responsabilidad de preguntarse qué está en mi mano hacer para resolver aquello que me está sucediendo y para que me pase aquello que no me está pasando ahora.
Cinco preguntas de coaching nos pueden ayudar a transitar con mayor eficacia en situaciones de incertidumbre:
- La primera de las preguntas es: ¿qué está en mi mano hacer y/o dejar de hacer? El concepto que hay detrás de esta pregunta es el de la “responsabilidad”, ese hacerse cargo de mi parte de responsabilidad en cada situación. Stephen Covey ya nos regalaba ese concepto del área de influencia y nos advertía de los riesgos de estar enfocados en el “círculo de preocupación”, esas personas que se preocupan en vez de ocuparse.
- La segunda pregunta pone el foco en un concepto muy interesante, el aprendizaje: ¿qué puedo aprender de esto que está pasando? Relacionado con el concepto de aprendizaje, está también esa distinción entre “error” o “fracaso”. Elbert Hubbard nos decía que “un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero no es capaz de convertirlo en experiencia”.
- La tercera pregunta va algo más allá y es la siguiente: ¿qué necesitamos para que funcione?, relacionado con un concepto ligado al anterior, que es el del aprendizaje compartido y esa perspectiva sistémica y las consecuencias, positivas o negativas, en mí y en los demás.
- La cuarta de las preguntas abre a la posibilidad, ¿qué oportunidades identifico? El concepto que nos trae esta pregunta es el de la “oportunidad”. ¿Cómo ver oportunidades en vez de amenazas? ¿Cómo poner el foco en lo que sí tengo y no en lo que me falta? El coaching promueve que eso va a ser posible cuando la persona hace un “cambio de observación”, cuando cambia el punto de observación, la perspectiva desde la que mira, cuando se produce un cambio en esas metafóricas “gafas de ver el mundo” que todos nosotros llevamos puestas. Gafas que cambian de visión cuando cambian mis emociones, mis creencias, mis valores y especialmente mi propósito.
- Y el propósito es el gran concepto que hay detrás de la quinta de estas preguntas, que es la siguiente: ¿cuál es mi para qué, mi propósito? Indagar en qué me va a sostener, qué me va a dar la energía suficiente para lograr lo que quiero va a ser fundamental en ese proceso. La motivación es el motor de los cambios, es la gasolina para transitar de manera más decidida ante la incertidumbre y la falta de certezas. La motivación está hecha de deseo, de ilusión, de ganas, también de esperanza y de compromiso. Cuando encontramos la motivación adecuada para nosotros, cuando nuestras acciones están alineadas con nuestro propósito, todo gana sentido, más allá de conseguirlo o no.
Dar respuesta a estas cinco preguntas nos alejará del “problema” y nos acercará al “reto”. Cuando damos con ese reto, con ese desafío, aparecen emociones como la curiosidad, la ilusión, la confianza, la esperanza. Y aparecen creencias como el “estoy aprendiendo”, “tengo los recursos para lograrlo”, “soy capaz de conseguirlo”.
Vivir con incertidumbre… , ¡mejor aliarse con ella!
En coaching creemos que cada persona puede elegir con qué mirada y con qué actitud quiere encarar determinadas situaciones cotidianas. Cada persona puede creer aquello que quiera. Cada persona puede elegir la emoción con la que va a abordar sus objetivos.
Aprender a buscar las oportunidades y las posibilidades en esos momentos de falta de certeza, nos llevará a aliarnos con la incertidumbre y seguramente vivir con mayor liviandad algunas situaciones.