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La «C» de Confianza

De un coach profesional se espera que sea capaz de cultivar un espacio de confianza y seguridad con sus clientes. Durante una formación en coaching, los futuros coaches entrenan su competencia en crear un ambiente de apoyo, respeto y confianza mutua, que permita al cliente compartir libremente aquello que quiera trabajar en la sesión.

Ello implica entender y respetar la identidad de cada cliente, sus circunstancias, sus valores, sus creencias, para poder adaptar su coaching a cada cliente. Forjar una relación de confianza con cada cliente permitirá esa labor del coach de mostrarle esa parte ciega que no aprecia de sí mismo, ese desafiarle a que avance en la exploración de sí mismo, ese retarle a que desafíe sus límites mentales, para conseguir aquello que se propone.

La confianza es una emoción, que construye vínculos relacionales entre personas. Es una emoción de la familia del amor, desde ese aceptar al otro como legítimo. Y como tal emoción, la confianza puede también quebrarse rápidamente, y a su vez recomponerse.

La confianza sería pues como un taburete de tres patas: la primera pata sería la sinceridad. Confiamos en alguien que creemos que dice la verdad, que es sincero. La segunda pata sería la capacidad. Confiamos en alguien que creemos que es capaz, que tiene las capacidades de actuar de determinada manera. Y la tercera de las patas es la coherencia. Confiamos en alguien que cumple lo que promete, que demuestra esa congruencia entre decir y hacer.

Se dice que hay algunas conductas que favorecen esa creación de un espacio de confianza entre personas:

  1. Hablar sin rodeos como una iniciativa que surge desde la honestidad, la integridad y la franqueza. Comunicarse con claridad para no dar lugar a confusiones aportará ese plus de confianza a la relación. Por el contrario, mentir, ocultar información, tergiversar o dejar una falsa impresión serían conductas que merman notablemente la confianza.
  2. Demostrar respeto. Aplicaría aquí la llamada “Regla de Oro”, tratar a los demás como uno quiere ser tratado. Se trataría de preocuparse por los demás de verdad, desde ese interés genuino, respetando la dignidad de cada persona, y aderezado con amabilidad y cortesía.
  3. Corregir errores y disculparse. Mostrarse vulnerable acrecienta notablemente la confianza entre personas. Remediar, pedir disculpas, reparar, desde la humildad fortalece enormemente los vínculos relacionales.
  4. Mostrar lealtad a través de otorgar el mérito a otros y reconocer su parte en el logro de resultados. Aquí lo contrario sería ese hablar mal a espaldas de los demás.
  5. Obtener resultados y cumplir lo que se promete. Llevar un seguimiento de los resultados, cumplir con lo que se promete, no comprometerse en exceso y no incumplir las expectativas, son conductas que favorecen ese espacio de confianza.
  6. Actitud de mejora continua. Esta conducta va de la mano con estar dispuesto a cometer errores y aprender de ellos. En coaching nombramos a esta actitud como la del “eterno aprendiz”, que significa no dar por sentado que los conocimientos y habilidades actuales será suficientes para los retos del mañana.
  7. Afrontar la realidad. Esto tiene que ver con abordar los asuntos delicados de manera directa, no eludir los temas importantes y conversar sobre lo que no se conversa.
  8. Clarificar expectativas. Se trataría de crear una visión compartida y llegar a un acuerdo por adelantado sobre qué se va a hacer. Y recordar que los acuerdos en ocasiones pueden renegociarse.
  9. Hacerse responsable. La posición de víctima impacta negativamente en la confianza. Por el contrario, la posición de ubicarse en la silla de la responsabilidad, ese declarar que hay algo que está en mi mano hacer para resolver eso que sucede, la incrementa. La responsabilidad surge de la libertad personal de elegir, lo que nos acerca a ese “ser protagonista de nuestras vidas”.
  10. Primero escuchar. Escuchar para entender y hablar para ser entendido son los dos pilares de una comunicación eficaz, que facilitará ese estado de mutua confianza.

Entrenar la competencia de la confianza es algo que puede impactar transversalmente en múltiples circunstancias y ocasiones en diversos ámbitos de la vida. Permitirá establecer relaciones eficaces y sostenibles, creando vínculos relacionales genuinos y potentes.

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Desde la Escuela de Coaching EDPyN acompañamos a nuestros alumnos del Programa Avanzado de Formación en Coaching a capacitarse en esa maravillosa habilidad de cultivar espacios de confianza y seguridad, a través de nuevos recursos y conductas que pueden también aplicar a otros ámbitos de sus vidas, más allá del coaching.

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