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La «B» de Body

Body-Emotion-Language: este es el llamado “Modelo BEL”, que promueve la corriente ontológica de coaching, y que da sentido a gran parte del desempeño de un coach profesional.

La premisa conceptual de este Modelo BEL es la siguiente: cuerpo, emoción y lenguaje forman un conjunto armonioso e interdependiente, de manera que cuando uno de los tres elementos cambia, también cambian los otros dos.

Así pues, desde el coaching creemos que cuando cambia mi emoción, cambia mi lenguaje y mi corporalidad. Cuando cambia mi corporalidad, cambia mi emoción y mi lenguaje. Cuando cambia mi lenguaje, cambia mi emoción y mi corporalidad.

Cuerpo, emoción y lenguaje serían por tanto tres palancas para encontrar nuevas perspectivas con relación a los acontecimientos, nuevas miradas que nos permitan idear nuevas soluciones o maneras de resolver aquello que nos sucede. Y desde ese llamado “cambio de observador”, diseñar acciones distintas que abran la puerta a resultados distintos, así como a ir adquiriendo hábitos distintos y más posibilitadores, mayoritariamente dirigidos a la obtención de un mayor bienestar personal.

Ese es el trabajo que realiza un coach profesional: acompañar a sus clientes a encontrar nuevas perspectivas que le permitan resolver aquello que le sucede y acercarse a esa situación ideal que quisiera que le suceda. Esas perspectivas nuevas se van a gestar en el interior, en todo el conjunto de elementos que componen el “ser” de esa persona. Y es que, desde el coaching, creemos también que los cambios transformacionales se originan desde el interior, desde esa parte identitaria de cada uno de nosotros, desde nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestros valores, nuestras capacidades, nuestros propósitos.

El modelo BEL

El lenguaje está en la base del coaching, entendiendo que las interacciones entre personas suceden en el marco de conversaciones. Hemos hablado en muchos otros artículos del poder del lenguaje, de que las personas no elegimos nuestras palabras por casualidad. Así, el conversar distinto puede llevar a acciones distintas, que generen resultados distintos también. Y es que el lenguaje no es tan sólo el lenguaje verbal, las palabras. También son lenguaje todos esos aspectos del lenguaje para-verbal y del lenguaje no-verbal.

Desde sus inicios allá por la década de los 90 del siglo pasado, la disciplina del coaching ha puesto muy énfasis en el uso del sentido de la vista como elemento de trabajo: las visualizaciones, el utilizar la visión como elemento motivador de los cambios, el recurso maravilloso de la imaginación como aliada del diseño de esos futuros ideales a los que el cliente ambiciona llegar. Ese “ver” distinto, esas “gafas nuevas de ver el mundo” es desde el origen de esta disciplina una metáfora potente para acompañar a los clientes a construir sus nuevos futuros.

En la segunda mitad de los años 90, empieza a sonar con fuerza el concepto de la “inteligencia emocional”, y se abre la puerta al estudio de las inteligencias múltiples más allá de esa inteligencia únicamente racional que mide el coeficiente de inteligencia. Las corrientes de pensamiento, de análisis y de predicción de muchas disciplinas empiezan a considerar el impacto de las emociones en muchos campos. Y también fue así en el campo del desarrollo personal y profesional.

El coaching no podía ser ajeno a esta nueva corriente, y también incorpora la emoción dentro de su área de trabajo. Ya no basta con preguntar a nuestros clientes cómo se “ven” en ese futuro que quieren para sí mismos, sino que a partir de entonces el coach también pregunta cómo se “sienten” en ese futuro, qué emociones van a posibilitar el camino hacia ese futuro ideal.

Hasta hace pocos años, el cuerpo ha sido el gran olvidado en el desempeño de muchos coaches. Prestar atención y escucha a la corporalidad del cliente y espejar al cliente sus cambios de energía, es una herramienta muy poderosa de generación de nueva conciencia. Y es que el cuerpo no miente. Nuestros movimientos en ocasiones delatan lo que nuestra boca calla.

Utilizar la corporalidad como un elemento más de indagación y de generación de nueva conciencia aporta mucho valor en el trabajo de acompañamiento que hace un coach profesional. Utilizar la corporalidad como un canal más de aprendizaje del cliente abre la puerta a todo un nuevo enfoque en esta profesión.

Y esto es hoy tendencia: a través del “embodied coaching”, del “coaching corporal”, del “coaching del movimiento”, del “coaching somático”, los clientes pueden llegar a descubrir nuevas posibilidades de cambio y transformación, a través de ese lenguaje corporal.

¿Te animas a probarlo? ¿quieres saber más?

En nuestro Programa Avanzado de Formación en Coaching de la Escuela de Coaching EDPyN, acreditado como LEVEL2 por ICF y acreditado también por ASESCO, trabajamos con intensidad e intención esos tres ámbitos del modelo BEL: Body, Emotion, Language, para que nuestros alumnos, futuros coaches profesionales, sepan sacar partido de todos los recursos de los que disponen sus clientes para su proceso de cambio.

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