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Cine y Coaching: Ratatouille, ¿cualquiera puede ser un gran chef?

En la línea de artículos anteriores sobre Cine y Coaching, analizamos otro clásico de animación de Pixar: ‘Ratatouille”. La película –fábula improbable sobre una rata de campo parisina que posee un don excepcional para la cocina- nos sirve para reflexionar sobre uno de los conceptos por excelencia del Coaching: el reto.

(Artículo realizado en colaboración con CinemaNet)

No es un secreto que a los animadores de Pixar les encanta jugar con las paradojas: unos monstruos temibles aprenden a valorar el poder de la alegría, unos juguetes que muestran más corazón que muchos de los humanos que les rodean o un grupo de autoayuda para tiburones veganos son elementos comunes en el cine de la compañía estadounidense. Entre estas paradojas se encuentra la que apuntábamos al inicio y que da vida a Ratatouille, película estrenada en 2007.

La sinopsis de la película es indudablemente simpática: Remy es una rata que sueña con convertirse en un gran chef francés, a pesar de la oposición de su familia y del problema evidente que supone su condición animal en una profesión que detesta a los roedores. El destino lleva al protagonista del campo a las alcantarillas de París, donde termina justo debajo de un restaurante que se ha hecho famoso gracias a Auguste Gusteau, una estrella de la nouvelle cuisine.

Como introducción al análisis de esta película, veamos unos párrafos escritos por Álvaro Abellán y recogidos en la reciente Guía CinemaNet para perfeccionar el arte del Cinefórum:

«Cualquiera puede cocinar», sostiene el gran Gusteau, quien, incluso ya fallecido, inspiró con su arte y consejo a Remy, una sencilla rata de campo, hasta convertirla en chef del más reputado restaurante de París.

En un primer sentido, esta frase viene a decir que, con buena voluntad, tesón, entrega, constancia y un buen maestro, cualquiera puede llegar a cocinar dignamente. Sin embargo, la frase tiene un sentido más profundo, que nos revelará el exigente crítico Antón Ego hacia el final de la película: «No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lado».

La llamada de Gusteau, por tanto, va dirigida a todos los hombres de buena voluntad que pretendan aprender a cocinar. Pero, sobre todo, va dirigida a quien siente una vocación secreta en lo más hondo de su corazón y no se atreve siquiera a pensar que su sueño pueda convertirse en realidad, que él sea realmente capaz de llegar a ser alguien, de aportar algo, de dejar huella, de ser protagonista de su propia vida”

En este sentido, lo que propone Abellán es leer la película desde el punto de vista de la meta, del reto. En Ratatouille, este aparece diáfano: el objetivo de Remy es convertirse en un gran chef, y –como una estrella fugaz- se trata de un faro que ilumina todos sus pasos.

A nosotros nos puede servir para refrescar los cinco pasos básicos de un proceso de cambio, que se basa en la motivación. Esta, a su vez, funciona así:

Este no es el único tema presente en Ratatouille, pero sí que es el que toca más directamente los elementos de una formación profesional en coaching.

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