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La “E” de Emociones

La gestión emocional: un poder que recién comenzamos a comprender

Se han escrito ríos de tinta sobre las emociones y su impacto en nuestras acciones, conductas y maneras de afrontar la vida. Pero… ¿desde cuándo se empezó a hablar del poder de las emociones y una gestión saludable de las mismas?

La respuesta puede sorprenderte: desde hace muy poco tiempo.

El origen del concepto de inteligencia emocional

El concepto de “inteligencia emocional” fue acuñado por Salovey y Mayer en 1990 y lo populariza Daniel Goleman en 1995 a partir de la publicación de su libro así titulado, cambiando la concepción tradicional del concepto de “inteligencia”. A partir de esas fechas se abre la vía a la comprensión de las inteligencias múltiples que las personas podemos cultivar y desarrollar. Y cómo una gestión satisfactoria de esas otras inteligencias puede impactar en nuestro bienestar a todos los niveles.

De dentro hacia afuera: el enfoque de Daniel Goleman

Daniel Goleman entiende la gestión inteligente de las emociones como un “de dentro hacia afuera”. Así, según el autor, la manera para aumentar nuestra inteligencia emocional se inicia con la mejora de la “inteligencia intrapersonal”, “el yo con yo”. Y esta se divide en tres ámbitos:

  • el primer ámbito es el auto conocimiento: para ello será útil adquirir conciencia emocional, desarrollar una valoración adecuada de uno mismo y aprender a tener confianza en uno mismo.
  • el segundo ámbito de esa inteligencia intrapersonal es lo que Goleman llama la auto regulación, que se compone de cinco elementos: el auto control, la confiabilidad, la integridad, la adaptación y la innovación.
  • y finalmente el tercer ámbito para adquirir una mayor inteligencia intrapersonal es la auto motivación, que a su vez está compuesta de cuatro habilidades: la motivación del logro, el desarrollo del compromiso, el optimismo y la iniciativa.

Cuando la persona toma conciencia de sus emociones y gana eficacia en ese entorno del “yo con yo”, puede afrontar con mayor confianza el desarrollo del “yo con el otro”, la “inteligencia interpersonal” a la que alude Daniel Goleman.

La inteligencia interpersonal: cómo nos relacionamos

Esta segunda dimensión de la inteligencia emocional se estructura también en dos grandes ámbitos:

  • el primer ámbito es la empatía. Goleman divide la empatía en cinco partes: la comprensión de los demás, la orientación y espíritu de servicio, el desarrollo de los demás, el aprovechamiento de la diversidad y finalmente la conciencia política.
  • el segundo ámbito de esa “inteligencia interpersonal” tiene que ver con el desarrollo de las habilidades sociales. Y aquí tendríamos hasta ocho atributos en los que poder perfeccionar nuestra conducta: la influencia, la comunicación, el liderazgo, la catalización del cambio, la resolución de conflictos, el establecer vínculos, la colaboración y las habilidades de equipo.

La mirada del coaching: emociones sin juicio

La mirada que hacemos desde el coaching a las emociones es un poco distinta de como las observan otras disciplinas. Recordemos que desde el coaching la observación es una observación sin juicio ni interpretación. Así pues, desde el punto de vista del coaching, ninguna emoción es buena ni mala per se, ni positiva ni negativa. Desde el coaching la máxima es siempre la misma: el concepto de utilidad o de eficacia. Es decir, esa determinada emoción, ¿me sirve para conseguir el objetivo que busco alcanzar? ¿o no me sirve? ¿me será útil para avanzar en mis desafíos o no?

Y la gran creencia desde el coaching al mundo emocional tiene que ver con la idea de que las personas podemos elegir en qué emoción estar para alcanzar con mayor éxito nuestros objetivos. Y esta capacidad tiene mucho que ver con la toma de conciencia, con darme cuenta de en qué emoción estoy y decidir si me facilita o me impide alcanzar aquello que quiero conseguir.

¿Fácil? No. ¿Posible? Sí.

Dicho así, ¡parece fácil!, ¿verdad? Ahora bien, la clave está en entrenarse en esa mejor gestión emocional y en crear las circunstancias para que se de esta premisa.

Y es que recordemos que las emociones preceden a las acciones. La etimología de la palabra, “emovere”, ya nos lo indica. Una emoción sería aquello que nos mueve. Y es que nuestras acciones y comportamientos no son los mismos desde una emoción o desde otra, desde la ira, o desde el miedo, o desde la alegría, o desde la tristeza, etc.

Una gestión emocional consciente y eficaz resulta clave para la mejora del desempeño de las personas.

Y también de los equipos

Y sucede lo mismo en el caso del desempeño de un equipo de trabajo. Porque, recordemos, las emociones suelen ser contagiosas e impactan de manera significativa en la eficacia de equipos de trabajo, grupos o asociaciones de personas. Hablaremos entonces de emociones colectivas y de cómo pueden influir en otros.

¿Te apetece saber más del maravilloso mundo emocional? ¿quieres conocer las claves para gestionar tus emociones y las de otros de una manera mucho más eficaz y útil? ¿quieres saber qué mensaje revela cada una de las emociones cuando aparecen en nosotros?

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