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El Valor de la Curiosidad

La curiosidad no es sólo una virtud, un valor, una bondad humana. Es una de las herramientas más importantes para la superación personal, el motor que nos mueve a salir de nuestra zona de confort. Seguramente todos podríamos hacer una definición correcta de qué es la curiosidad; sin embargo, hoy vamos a hablar de la curiosidad dentro del Coaching.

Nos han enseñado a ser lógicos, a buscar muchas veces lo racional, a hacer las preguntas correctas en el momento correcto, a que estas necesitan de respuestas correctas, específicas, concretas y medibles. ¿Dónde ha quedado esa curiosidad de niño pequeño, que hace cientos de preguntas a sus padres, y al que ninguna respuesta parece satisfacerle? Hoy nos gustaría proponerte retomar el contacto con el niño interior que todos llevamos dentro. ¿Y cómo se hace eso? Fácil, como cualquier cosa, se empieza dando el primer paso:

  1. Dejar de formular las preguntas de manera cerrada, las cuales se responden con sí o no, y empezar a hacerlas abiertas, de manera que introduzcas la posibilidad de nuevas respuestas y nuevas oportunidades.

En el coaching, el coach tiene la función, la necesidad, de ser curioso. Su curiosidad bien dirigida es la que guiará la conversación, dejando que el cliente, el auténtico experto en la materia que se esté tratando, sea el que vaya encontrando las soluciones adecuadas para el tema tratado, combinándolo con los recursos necesarios para dar con ellas. 

¿Qué es lo que tiene el Coaching que lo hace tan potente?

El coaching se basa en la potenciación del autoconocimiento. El efecto de encontrar estas respuestas resulta muy estimulante porque se produce un aprendizaje. La curiosidad genera búsqueda, la define y la dirige, pero es la exploración la que crea el aprendizaje, y esta exploración es guiada por el coach, el cual deja salir su curiosidad en la medida en la que cree que ello va a ayudar al cliente a expresar su conocimiento y responder sus propias preguntas.

¿Debe ser una curiosidad genuina?

Cómo ya hemos avanzado antes, la curiosidad es una virtud, y las virtudes se pueden trabajar. La función de la curiosidad dentro del coaching es la de construir nuevos puentes y caminos hacia resultados concretos y específicos, por lo que es responsabilidad del coach fomentar esa curiosidad a la vez de guiarla por el sendero adecuado al objetivo de la sesión, de buscar significados nuevos, revelar creencias y en su conjunto, descubrir y facilitar el aprendizaje del cliente. En ningún caso es divagar por divagar. Hay que ser siempre conscientes de que el centro del proceso no es el coach, sino el coachee, (cliente). En torno a el girará el proceso, y tal cómo dice el libro “Coaching Co-Activo”, “es el cliente el que necesita saber, mientras que el coach podrá ayudarlo mejor guiando su descubrimiento y su aprendizaje”.

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