Canaliza el 'brainstorming': conviértelo en una herramienta poderosa para tu equipo

Canaliza el ‘brainstorming’: conviértelo en una herramienta poderosa para tu equipo (I)

‘Brainstorming’ por aquí, ‘brainstorming’ por allá… La lluvia de ideas es tal vez la técnica más usada por los equipos de todo el mundo, pero no está exenta de problemas. Tal vez por exceso de uso, muchas veces un ‘brainstorming’ queda reducido a un mero trámite, una rutina a la que no se le presta la atención suficiente. Como consecuencia, esta actitud no permite extraer el increíble potencial que una técnica tan aparentemente sencilla guarda en su interior.

Decía el genial arquitecto Antoni Gaudí que para ser original hace falta regresar al origen, y no le faltaba razón. Una sala, una pizarra para anotar y un equipo de trabajo dispuesto a desmelenarse. A partir de estos elementos básicos se construye una dinámica que incluye cuatro pasos: suspender el juicio –y el prejuicio-, pensar libremente, centrarse –de primeras- en la cantidad más que en la calidad y buscar el efecto multiplicador de combinar ideas.

No obstante, la experiencia nos demuestra que no siempre basta con conocer la base, por lo que – con estas cuatro premisas por bandera- vamos a indagar en algunas pautas o consejos para impulsar la lluvia de ideas de tu equipo y llevarla a un nuevo nivel de eficiencia. Este es el primero de dos artículos que dedicaremos a explorar esta técnica sencilla pero poderosa.

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Apuntala las bases del brainstorming

En este artículo escrito para la división de Educación Continua y Desarrollo Profesional de la universidad de Harvard, la articulista Mackenzie Kassab identifica varios puntos de mejora relacionados con los cimientos:

  • Usa una “chuleta”: Antes de entrar en materia, conviene calentar el cerebro de los miembros del equipo con una breve nota introductoria. Puede contener desde algunas preguntas para no arrancar de cero la sesión a un icebreaker que provoque la reflexión, pero es un apoyo clave para aquellos miembros del equipo que necesitan un empujón inicial para poder marchar a toda máquina.
  • El demonio está en los detalles: Uno de los principales problemas –especialmente al inicio de una sesión- es caer en discutir detalles nimios de cada propuesta, olvidando la imagen global. Algunos trucos para evitarlo son plantear un breve espacio de tiempo para que cada participante aporte su idea –una suerte de elevator pitch– o no dejar de anotar todas las ideas en una pizarra para mantener una visión del conjunto que forman y de las tendencias que se establecen.
  • Introduce otro punto de vista: Cuando la sesión avanza, puede llegar un momento crítico en que el flujo creativo se atasque y las ideas comiencen a viciarse unas a otras. En este momento, puede ser una buena idea traer a alguien externo que no haya estado presente –o que ni siquiera tenga nada que ver con el proyecto en cuestión- para que aporte frescura.
  • No tengas miedo a pausar la sesión: Es una buena idea romper la sesión de brainstorming en dos o tres convocatorias para dejar espacio a que los participantes rumien lo que se ha planteado dentro. El furor de la tormenta se complementa increíblemente bien con la calma de la reflexión reposada, así que no temas dividir tu sesión.

Por último, conviene recordar el consejo más sencillo y a la vez más complejo: plantea de forma clara y precisa el problema a resolver. Un brainstorming solo será efectivo en tanto esté ordenado a resolver un problema concreto: de lo contrario, se torna divagación nebulosa.

En el segundo artículo exploraremos algunas técnicas de brainstorming que se salen de lo habitual introduciendo elementos aún más creativos, pero por el momento ¿te animas a poner en práctica estos consejos? El feedback siempre es enriquecedor, así que ¡cuéntanos el resultado que obtienes!

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