La zona de confort: retomamos un clásico

Retomamos un clásico: la zona de confort

La zona de confort es algo peligroso: sólo cambiamos cuando sentimos la necesidad de hacerlo. Puede ser porque tenemos claro lo que no queremos y nos damos cuenta del coste de no cambiar. O también porque tenemos claro lo que queremos y los beneficios de conseguirlo, y eso nos motiva para conseguir un cambio. En tercer lugar, puede suceder algo externo que nos sitúa en un nuevo escenario que aceptar y al que adaptarse.

El cambio personal pues es principalmente un asunto de motivación. Todo proceso de cambio conlleva el salir de la zona de confort. En nuestra zona de confort funcionamos en modo “piloto automático”, de manera cómoda y con mucha seguridad. Sería la zona de la competencia inconsciente, en la que actuamos sin apenas reflexión.

“Todo proceso de cambio conlleva el salir de la zona de confort”

El espacio que rodea a la zona de confort es la llamada zona del miedo. Aquí juegan nuestras creencias limitantes, nuestros juicios, nuestras opiniones, nuestras emociones. Miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo a hacer el ridículo, miedo a equivocarse, falta de confianza, no sentirse capaz…son algunos de los elementos que habitan esta zona.

El reto: crear hábitos nuevos

¿Y si en vez de luchar contra nuestros viejos hábitos, nos ocupamos en crear hábitos nuevos? ¿Y si en vez de centrarnos en lo que tememos, ponemos el foco en lo que queremos conseguir? Si aceptamos que sentimos miedo, pero avanzamos de todos modos, seremos capaces de transitar por la zona del miedo y llegar a la siguiente zona que la envuelve. Esta es la llamada zona de aprendizaje. Es la zona del reto, del desafío personal, de la puesta en práctica de un plan de acción.

EDPyN zona de confort coaching desarrollo personal Montse Altarriba

Aprender no es sólo tener información, aprender es poder hacer hoy lo que ayer no podía o no sabía, es incorporar nuevas habilidades y mejorar nuestra competencia para lograr resultados nuevos y diferentes. Para aprender, es imprescindible una disposición y una voluntad de hacerlo, desde el reconocimiento del no saber y del querer mejorar.

Y así, finalmente, se llega a la última zona, la llamada zona mágica. Esta es la zona de la satisfacción, la plenitud y la felicidad: la zona de la auto estima y la realización personal.

El viaje desde la zona de confort hasta esta zona mágica es, por tanto, el viaje del crecimiento personal, del desarrollo de nuestras capacidades y habilidades personales. A medida que incrementemos nuestro aprendizaje, nuestra zona de confort se expande y somos capaces de funcionar en modo automático haciendo aquello que antes no sabíamos hacer o ni siquiera conocíamos.


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