Cine y Coaching: “El apartamento”, cómo mejorar en asertividad

Cine y Coaching: “El apartamento”, cómo mejorar en asertividad

Cuando Billy Wilder estrenó ‘El apartamento’, seguramente no tenía en mente una formación en Coaching. Sin embargo, esta magnífica tragicomedia de 1960 pone imágenes a un elemento fundamental del desarrollo personal: la asertividad.

(Este artículo ha sido realizado en colaboración con CinemaNet)

En El apartamento se nos cuenta la historia de Calvin Clifford Baxter, un solitario oficinista con los rasgos de Jack Lemmon que subsiste como empleado en una gran aseguradora. El director se encarga de hacernos saber a través de los monótonos planos en la oficina que el protagonista no es más que un engranaje. Al presentar a los trabajadores en hileras interminables se refuerza la idea de ser una minúscula pieza hundida en la maquinaria de la empresa.

Encontramos, pues, la clásica imagen del “empleado ocupado”. Baxter no se desarrolla personal ni profesionalmente en su trabajo. Un empleo que resulta más bien un agujero negro que le absorbe hasta lo más íntimo. Literalmente, incluso su casa: obsesionado por la idea de ascender en la jerarquía de la empresa, permite que cuatro de sus jefes usen su apartamento como “piso franco” al que llevar a sus amantes.

Para nosotros, la situación resulta divertidísima, desde luego, pero para él no lo es tanto. Menos aún cuando la trama se complica y entra en escena Fran Kubelik. Ella es una simpática ascensorista interpretada por Shirley MacLaine de la que Baxter se enamora. Una chica que, para más inri, está saliendo con uno de los jefes del protagonista, de esos que emplean su piso como guarida para escapar de sus mujeres.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la asertividad?

El momento culminante en este sentido llega al final de la película, cuando Baxter se encuentra con que ha alcanzado su objetivo primero: un ascenso, a cambio de olvidarse de Fran y reprimir sus sentimientos por ella. Y entonces llega este momento:

Baxter decide lo impensable: renunciar al puesto de directivo que tanto le ha costado conseguir. Devuelve a su jefe las llaves del lavabo de ejecutivos –símbolo de su recién adquirida posición- y abandona la oficina. Ha cambiado. Ha descubierto el valor de su dignidad. Ha alcanzado el punto en que puede poner en juego –ahora sí- su asertividad.

Esta consiste en una expresión convencida de autoestima: un comportamiento en el que la persona asertiva no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. La asertividad es una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos.

Todo ello sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza. Se trata de abandonar la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia. Contar con un criterio propio dentro de la sociedad es, en definitiva, indispensable para comunicarnos de una mejor manera. Eso es lo que Baxter descubre al final de El apartamento.

Una formación en Coaching profesional como el programa que ofrecemos en la Escuela EDPyN es una manera muy efectiva de mejorar nuestra asertividad. De abandonar la posición resentida o culpable. De aprender, en definitiva, a comunicar nuestra posición con paz interior y convencimiento. ¿Te atreves a descubrir tus posibilidades?


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